SIDA Y PRESERVATIVO

Oficial del Vaticano aclara: Doctrina sobre preservativo y el SIDA no cambiará

VATICANO, 24 Abr. 06 (ACI).-Un oficial del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, que preside el Cardenal Javier Lozano Barragán, aclaró que de la reciente entrevista concedida por el Purpurado mexicano a un diario italiano no se desprende ningún cambio en la doctrina de la Iglesia sobre el uso del preservativo y el SIDA.

Numerosos diarios y agencias de noticias han hecho eco este lunes de la entrevista concedida por el Cardenal Lozano Barragán al diario italiano La Repubblica, en la que, respecto del tema del preservativo y el SIDA, declaró: “Este es un tema muy difícil y delicado que requiere prudencia... Mi dicasterio está estudiando esto muy de cerca con científicos y teólogos designados para emitir un documento que será publicado pronto”.

Las palabras del Purpurado dieron pie a especulaciones respecto a que la Santa Sede “flexibilizaría su posición” respecto al uso del preservativo.

Sin embargo, Mons. Antonio Soto Guerrero, Secretario personal del Cardenal Lozano Barragán y miembro del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud,  aclaró en diálogo con ACI Prensa que “la doctrina de la Iglesia sigue firme en todos los principios de la moral católica. Ante el SIDA está la abstinencia; y no podemos olvidar que se trata de un problema que en buena medida tiene como origen un desorden moral contra el sexto mandamiento”.

El Prelado del Vaticano señaló a ACI Prensa que, en efecto, la Congregación para la Doctrina de la Fe, que preside el Cardenal William Joseph Levada,  está estudiando la posibilidad de elaborar un documento sobre el tema, y para ello ha pedido la opinión de otros dicasterios del Vaticano.

“Nuestro dicasterio ya ha enviado estudios muy serios y profesionales de miembros y consultores que responden a las consultas propuestas por la Congregación (para la Doctrina de la Fe). La Congregación hará luego un estudio más amplio y tardará algunos meses antes de presentar las conclusiones al Papa, quien es el que finalmente decide si se publica o no un documento”.

Mons. Soto, sin embargo, explicó que no existe ninguna fecha ni cronograma y mucho menos la inminencia de un documento sobre el tema.

“El principio moral de la Iglesia es el mismo; pero han cambiado las situaciones que tenemos que enfrentar. Se trata, en otras palabras, de aplicar la doctrina de siempre a ciertas situaciones nuevas como el problema del SIDA”, dijo Mons. Soto.

“Pongo el ejemplo de un caso particular: la pareja de esposos donde uno de ellos tiene SIDA y reclama el acto matrimonial, ¿tiene el cónyuge derecho a defender su salud de alguna manera?”

"El principio sigue siendo la defensa de la vida y la conciencia de que todo lo referido al quinto mandamiento incluye el sexto, el no fornicar que implica defender la vida”, concluyó Mons. Soto.

Estado masturbador

Este comentario lo hemos tomado de la sección de religión de "Libertad Digital" por considerarlo de gran interés. Nosotros defendemos la dignidad de la persona humana, y de un modo especial la de los niños, que es la persona humana más indefensa. ¿Hasta donde quieren llegar? ¡Que mala educación tienen algunos pedagogos y programadores!

Por Alfonso García Nuño

Portada del libro La educación sexual de la primera infancia
Así como que el Estado sea aconfesional supone no solamente que los órganos estatales estén desvinculados de cualquier acto de culto o confesión religiosa determinada, sino también que, por no tener religión definida, no imponga ningún credo a los ciudadanos; de la misma manera, la libertad de conciencia e ideológica supone que el Estado no adoctrine o imponga una determinada a la sociedad y sus miembros.

La amenazante asignatura de educación para la ciudadanía es de temer que pondrá todo esto en tela de juicio aunque, si uno se pone a pensar, el pulso para que la tendencia se invierta e impere desde los estamentos estatales en toda la sociedad una determinada moral que tolere otras posibles, no que respete, es algo que se viene dando desde hace algún tiempo. El Ministerio de Educación ha editado una guía, La educación sexual de niñas y niños de 6 a 12 años, en donde esto, una vez más, queda de manifiesto.

Entre otras perlas, podemos leer en ella: "Un niño de 9 años le dice a su madre: 'un niño me dijo que es malo masturbarse'. La madre le dice que eso no es verdad, que muchas personas se masturban sin hacerse daño ni hacer daño a nadie. Le cuenta que ella también se toca la vulva de vez en cuando y siente placer cuando lo hace". Nos encontramos claramente ante un posicionamiento moral, es decir, sobre lo que el hombre, sea varón o mujer, debe o no hacer en función de lo que debe ser desde lo que es.

Sin entrar en la pobre antropología que destila el relatito, rezumante de tristeza y pesimismo humanos, la moral no es algo que corresponda trasmitir al Estado, al menos si seguimos creyendo en la libertad y en el derecho que los padres tienen de educar a sus hijos. Porque la libertad de enseñanza supone no solamente elegir entre un colegio gestionado por los poderes públicos y otro por una organización privada, sea o no religiosa, sino, sobre todo, la posibilidad de trasmitir a los hijos un determinado universo de valores, para lo cual no son indiferentes los medios pedagógicos que se usen. El Estado, en vez de imponer una determinada cosmovisión moral a quienes no tienen medios económicos para poder garantizarse la educación que les gustaría dar a sus hijos, debería facilitarles a los padres los medios para que pudieran llevar a cabo esta inalienable tarea familiar.

Pero además del derecho a la educación, lo que también se pone en el cadalso es la libertad de conciencia, porque ésta no es la libertad que uno tiene para poderse distanciar del adoctrinamiento y moldeamiento a que le haya sometido el Estado durante su infancia, para así entrar en la casta de los disidentes sociales tolerados por la ideología y moral oficiales. El Estado no está para permitir que algún ciudadano se distancie en conciencia de él, el Estado está al servicio de los ciudadanos y, en este caso determinado, su tarea se concreta en garantizar que ningún individuo ni instancia social imponga su ideología a los demás y que cada uno con libertad tenga la posibilidad de buscar la verdad y manifestar aquello que crea haber encontrado de ella.

Por el contrario, nos encontramos con que se nos impone una moral y además de muy corto vuelo. Una moral en la que lo bueno se identifica con el placer y el mal con el daño, lo cual nos sitúa en el estadio cero de desarrollo del razonamiento moral de Kohlberg, es decir, el más bajo, aquel en el que "lo bueno es lo que quiero y me gusta", aquel más próximo al modo de elección en los simios, guiados por el gusto y el disgusto. Una moral en la que la sexualidad se reduce a genitalidad y donde el cuerpo es instrumentalizado. Una moral en la que el hombre es escindido entre el yo –no digo alma pues en esta mentalidad es algo vitando– y el cuerpo y clausurado en el placer que puede proporcionarse como compensación de los sinsabores de una vida cuyo horizonte no va más allá del tanatorio. Chuparse el dedo es poco para consolarse por haber nacido para morir; las drogas, demasiado caras y problemáticas; siempre nos queda la masturbación, incluidas sus versiones biunívocas, tanto homosexuales como heterosexuales. Y así atontecidos, más fácilmente nos guiarán.
 
Juaninza

GENOCIDIO

Declaración de la Santa Sede a las Naciones Unidas sobre genocidio
«Todavía una amenaza»

NUEVA YORK, sábado, 29 abril 2006 (
ZENIT.org).- A continuación la intervención del 6 de abril de Mons. Celestino Migliore, nuncio apostólico y observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, sobre el fenómeno del genocidio.

* * *



Todos los que trabajamos en las Naciones Unidas, en lo que se ha convertido el hogar de los derechos humanos gracias a la Declaración Universal de Derechos Humanos, a menudo debatimos cómo enfrentarnos a la cuestión de la violación más vergonzosa, intolerable y grave del derecho humano más fundamental de todos: el derecho a la vida, como se manifiesta en el fenómeno del genocidio. Pero, cuando llegamos al testimonio de los testigos de tal tragedia, el tono del encuentro se convierte en especialmente apremiante. Quisiera por ello agradecer a nuestros miembros del jurado por lo que acaban de compartir con nosotros.

No hace una semana, en este mismo lugar, celebramos un acontecimiento similar para recordar la memoria y las lecciones de dos genocidios atroces del pasado siglo. En aquella ocasión, alguien comentó: parece que nuestro «Nunca jamás» se ha convertido en «Siempre otra vez». Aunque puede que fuera apropiado, creo que fue un comentario extremadamente triste, incluso un tanto cínico.

Pero debemos admitir que, en ocasiones, resulta difícil no compartir tal afirmación. Si la negación es la piedra de Sísifo que rueda colina abajo con dramáticos acontecimientos una y otra vez, entonces puede que nuestra indiferencia sea el peor elemento de todos, sin hacer nada con una carencia de voluntad política.

En respuesta en parte a esto, las palabras «Nunca, jamás, seas un espectador» fueron con razón proclamadas en la primera Conferencia del Foro de Estocolmo. El Foro de Estocolmo fue el instrumento que puso en movimiento un nuevo mecanismo dentro del sistema de las Naciones Unidas, con la recogida de información sobre las violaciones masivas de derechos humanos; informando al Consejo de Seguridad de la previsión del peligro de genocidio; haciendo recomendaciones; y respaldando la cooperación entre el Consejo de Seguridad y el secretario-general sobre temas relacionados con el genocidio. Se designó y continúa trabajando un consejero especial del secretario general que coordinara estas cuatro tareas.

El largo debate sobre la reforma de las Naciones Unidas, llevado a cabo en la cumbre mundial de septiembre, elaboró, y posteriormente incorporó al mismo documento de la cumbre mundial, los parámetros éticos y jurídicos que la conciencia y sensibilidad moderna han desarrollado sobre este tema concreto. Destacaba la responsabilidad de la protección como esencial a la razón de ser de cualquier estado. Esta idea lleva a que la soberanía del estado se trate como una responsabilidad y no sólo como un derecho, y que un estado interpreta y ejercita su soberanía propiamente cuando está preparado y dispuesto a ejercitar su responsabilidad de cara a sus ciudadanos y a la comunidad internacional.

Tradicionalmente siempre se ha dado por supuesto que todo estado tiene la responsabilidad primaria de proteger a su propia población contra crímenes o desastres llevados a cabo por el hombre, como el genocidio, las hambrunas forzadas o las violaciones de derechos humanos. Más recientemente, este concepto se ha ampliado gracias a un consenso creciente según el cual, cuando un determinado país no puede o no quiere intervenir para proteger a su población, la comunidad internacional representada por las Naciones Unidas no sólo tiene el derecho sino el deber de intervenir. Actualmente, esto significa que la intervención está en mano del Consejo de Seguridad; o quizá sería más apropiado decir que está en manos de la voluntad política de los estados.

La voluntad política también se apoya en la sociedad civil – en ti y en mí.

Trágicamente, el genocidio es todavía una amenaza en determinadas regiones del mundo, donde sus causas e indicadores no siempre son fáciles de identificar. Está latente en lugares donde eliminar a la oposición se considera un «arreglo rápido» para acabar con las rivalidades y los conflictos sin resolver; donde se mantienen o justifican por ideologías relaciones entre grupos claramente injustas; donde, bajo la superficie de un orden aparente, el rescoldo del odio todavía arde por la falta de perdón y reconciliación mutuas; donde se obstaculiza la aceptación de los errores pasados y la «purificación de la memoria» por miedo a enfrentar la realidad histórica. Y estas no son sólo señales de advertencia de una amenaza inminente de genocidio: me aventuraría a sugerir que también son factores identificables para dar argumentos al terrorismo.

Esperemos que, a través de un conocimiento creciente de los acontecimientos lejanos y cercanos, el conjunto de la sociedad civil pueda fomentar la necesaria voluntad política que reúna las fuerzas de la buena voluntad. Así la realidad que está detrás de las palabras «Nunca Jamás» pueda finalmente ver la luz de día, más pronto que tarde.
ZSI06042902

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«¿Quién o qué es el embrión humano?»
Declaración de la Academia Pontificia para la Vida

CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 29 abril 2006 (
ZENIT.org).- Publicamos la declaración final del congreso organizado por la Academia Pontificia parta la Vida sobre «El embrión humano en la fase de la preimplantación». Este documento fue publicado en la edición italiana del «L'Osservatore Romano» el 23 de marzo de 2006.

* * *





Con ocasión de su XII asamblea general, la Academia pontificia para la vida ha celebrado un congreso internacional sobre el tema: «El embrión humano en la fase de la preimplantación. Aspectos científicos y consideraciones bioéticas». Al final de los trabajos, la Academia pontificia para la vida desea ofrecer a la comunidad eclesial y a la sociedad civil en su conjunto algunas consideraciones sobre lo que fue objeto de su reflexión.

1. A nadie escapa que gran parte del debate bioético contemporáneo, sobre todo durante los últimos años, se ha centrado en la realidad del embrión humano, ya sea considerado en sí mismo ya en relación a la actuación de los demás seres humanos con respecto a él. Eso se explica bien teniendo en cuenta que las múltiples implicaciones (científicas, filosóficas, éticas, religiosas, legislativas, económicas, ideológicas, etc.) vinculadas a estos ámbitos acaban inevitablemente por catalizar diferentes intereses, así como por atraer la atención de quienes buscan un obrar ético auténtico.

Por eso, resulta ineludible afrontar una cuestión fundamental: «¿Quién o qué es el embrión humano?», para poder derivar de una respuesta fundada y coherente a esa pregunta criterios de acción que respeten plenamente la verdad integral del embrión mismo.
Con ese fin, según una correcta metodología bioética, es necesario ante todo dirigir la mirada a los datos que pone a nuestra disposición la ciencia más actualizada, permitiéndonos conocer con gran detalle los diversos procesos a través de los cuales un nuevo ser humano inicia su existencia. Esos datos deberán ser sometidos luego a la interpretación antropológica, con el fin de poner de relieve sus significados y sus valores emergentes, a los cuales, por último, es preciso hacer referencia para derivar las normas morales del obrar concreto, de la praxis operativa.

2. Así pues, a la luz de los logros más recientes de la embriología se pueden establecer algunos puntos esenciales reconocidos universalmente:

a) El momento que marca el inicio de la existencia de un nuevo «ser humano» está constituido por la penetración del espermatozoide en el oocito. La fecundación impulsa toda una serie de acontecimientos articulados y transforma la célula huevo en «cigoto». En la especie humana entran dentro del oocito el núcleo del espermatozoide (incluido en la cabeza) y un centríolo (el cual desempeñará un papel decisivo en la formación del huso mitótico en el acto de la primera división celular); la membrana plasmática queda fuera. El núcleo masculino sufre profundas modificaciones bioquímicas y estructurales que dependen del citoplasma ovular y que van a predisponer la función que el genoma masculino comenzará inmediatamente a desarrollar. En efecto, se asiste a la descondensación de la cromatina (inducida por factores sintetizados en las últimas fases de la ovogénesis) que hace posible la transmisión de los genes paternos.

El oocito, después del ingreso del espermatozoide, completa su segunda división meyótica y expulsa el segundo glóbulo polar, reduciendo su genoma a un número haploide de cromosomas con el fin de reconstituir, juntamente con los cromosomas llevados desde el núcleo masculino, el cariotipo característico de la especie. Al mismo tiempo, lleva a cabo una «activación» desde el punto de vista metabólico con vistas a la primera mitosis.

Siempre es el ambiente citoplasmático del oocito el que lleva al centríolo del espermatozoide a duplicarse, constituyendo así el centrosoma del cigoto. Ese centrosoma se duplica con vistas a la constitución de los microtúbulos que compondrán el huso mitótico.

Los dos set cromosómicos encuentran el huso mitótico ya formado y se disponen en el ecuador en posición de metafase. Siguen las demás fases de la mitosis y al final el citoplasma se divide y el cigoto da vida a los primeros dos blastómeros.

La activación del genoma embrional es probablemente un proceso gradual. En el embrión unicelular humano ya son activos siete genes; otros se expresan en el paso de la fase de cigoto a la de dos células.
b) La biología, y más en particular la embriología, proporcionan la documentación de una dirección definida de desarrollo: eso significa que el proceso está «orientado» -en el tiempo- en la dirección de una progresiva diferenciación y adquisición de complejidad y no puede retroceder a fases ya recorridas.

c) Otro punto ya adquirido con las primerísimas fases del desarrollo es el de la «autonomía» del nuevo ser en el proceso de autoduplicación del material genético.

d) También están estrechamente relacionados con la propiedad de la «continuidad» las características de «gradualidad» (el paso, necesario en el tiempo, de una fase menos diferenciada a la más diferenciada) y de «coordinación» del desarrollo (existencia de mecanismos que regulan en un conjunto unitario el proceso de desarrollo). A estas propiedades -al inicio casi olvidadas en el debate bioético- cada vez se les da mayor importancia en los últimos tiempos, a causa de los logros positivos que la investigación ofrece sobre la dinámica del desarrollo embrional incluso en la fase de «mórula» que precede a la formación de blastocito. El conjunto de estas tendencias constituye la base para interpretar el cigoto ya como un «organismo» primordial (organismo monocelular) que expresa coherentemente sus potencialidades de desarrollo a través de una continua integración primero entre los diversos componentes internos y luego entre las células a las que da lugar progresivamente. La integración es tanto morfológica como bioquímica. Las investigaciones que se están llevando a cabo desde hace ya algunos años no hacen más que aportar nuevas «pruebas» de estas realidades.

3. Esos logros de la embriología moderna necesitan ser sometidos al análisis de la interpretación filosófico-antropológica para poder percibir los grandes valores que todo ser humano, aunque sea en la fase embrional, lleva consigo y expresa. Por consiguiente, se trata de afrontar la cuestión fundamental del status moral del embrión.

Es sabido que, entre las diversas propuestas hermenéuticas presentes en el debate bioético actual, se han indicado varios momentos del desarrollo embrional humano a los cuales unir la atribución al mismo de un status moral, a menudo aduciendo razones fundadas en criterios «extrínsecos» (es decir, partiendo de factores externos al embrión mismo). Pero ese modo de proceder no es idóneo para identificar realmente el status moral del embrión, dado que todo posible juicio acaba por basarse en elementos totalmente convencionales y arbitrarios.

Para poder formular un juicio más objetivo sobre la realidad del embrión humano y, por tanto, deducir indicaciones éticas, es preciso más bien tomar en cuenta criterios «intrínsecos» al embrión mismo, comenzando precisamente por los datos que el conocimiento científico pone a nuestra disposición. A partir de ellos se puede afirmar que el embrión humano en la fase de la preimplantación es: a) un ser de la especie humana; b) un ser individual; c) un ser que posee en sí la finalidad de desarrollarse en cuanto persona humana y a la vez la capacidad intrínseca de realizar ese desarrollo.

¿De todo ello se puede concluir que el embrión humano en la fase de la preimplantación ya es realmente una persona? Es obvio que, tratándose de una interpretación filosófica, la respuesta a esta pregunta no es de «fe definida» y permanece abierta, en cualquier caso, a ulteriores consideraciones.

Con todo, precisamente a partir de los datos biológicos de los que se dispone, consideramos que no existe ninguna razón significativa que lleve a negar que el embrión es persona ya en esta fase. Naturalmente, eso presupone una interpretación del concepto de persona de tipo substancial, es decir, referida a la misma naturaleza humana en cuanto tal, rica en potencialidades que se expresarán a lo largo de todo el desarrollo embrional y también después del nacimiento.

En apoyo de esta posición, conviene observar que la teoría de la animación inmediata, aplicada a todo ser humano que viene a la existencia, resulta plenamente coherente con su realidad biológica (así como en «substancial» continuidad con el pensamiento de la Tradición). «Porque tú mis riñones has formado, me has tejido en el vientre de mi madre; yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras. Mi alma conocías cabalmente», dice el Salmo (Sal 139, 13-14), refiriéndose a la intervención directa de Dios en la creación del alma de todo nuevo ser humano.

Además, desde el punto de vista moral, por encima de cualquier consideración sobre la personalidad del embrión humano, el simple hecho de estar en presencia de un ser humano (y sería suficiente incluso la duda de encontrarse en su presencia) exige en relación con él el pleno respeto de su integridad y dignidad: todo comportamiento que de algún modo pueda constituir una amenaza o una ofensa a sus derechos fundamentales, el primero de los cuales es el derecho a la vida, ha de considerarse gravemente inmoral.

Para concluir, deseamos hacer nuestras las palabras que el Santo Padre Benedicto XVI pronunció en su discurso a nuestro congreso: «El amor de Dios no hace diferencia entre el recién concebido, aún en el seno de su madre, y el niño o el joven o el hombre maduro o el anciano. No hace diferencia, porque en cada uno de ellos ve la huella de su imagen y semejanza (cf. Gn 1, 26). No hace diferencia, porque en todos ve reflejado el rostro de su Hijo unigénito, en quien “nos ha elegido antes de la creación del mundo (...), eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos (...), según el beneplácito de su voluntad” (Ef 1, 4-6) (Discurso a los participantes en la asamblea general de la Academia Pontificia para la Vida y al Congreso internacional sobre «El embrión humano en la fase de la preimplantación», 27 de febrero de 2006: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 3 de marzo de 2006, p. 4).
ZSI06042903

EL MATRIMONIO NO LO HA INVENTADO LA IGLESIA

El matrimonio no lo ha inventado la Iglesia (I)
Entrevista con Robert George, profesor de Princeton

PRINCETON, New Jersey, viernes, 7 abril 2006 (
ZENIT.org).- Benedicto XVI explicó este jueves que el matrimonio «no es una invención de la Iglesia», sino una forma de vida que forma parte de la naturaleza humana desde su misma creación.

A esta misma conclusión ha llegado una investigación interdisciplinar de investigadores que se acaba de publicar con el libro «El sentido del matrimonio: familia, estado, mercado y moral» (Spence), editado por Robert P. George y Jean Bethke Elshtain.

George es profesor de jurisprudencia y director del programa James Madison in American Ideals and Institutions en la Universidad de Princeton, y es miembro del Consejo de Bioética del presidente George Bush.

En esta entrevista, George comparte con Zenit algunos de los argumentos presentados en el libro, según los cuales el matrimonio es un «bien intrínseco». La segunda parte de la entrevista se publicará en el mismo servicio de hoy.

--¿Qué les ha impulsado a reunir estos ensayos sobre el significado del matrimonio? ¿Qué tiene de especial esta recopilación?

--George: Estos ensayos son importantes porque demuestran que el matrimonio no es un tema sectario o incluso de natura meramente religiosa.

Por el contrario, los ensayos demuestran la importancia pública del matrimonio y nuestra capacidad, como personas racionales, de entender el sentido, el valor y el significado del matrimonio sin invocar o recurrir a revelaciones especiales o a tradiciones religiosas.

El pasado diciembre, Jean Bethke Elshtain y yo hemos convocado una conferencia de tres días, con el apoyo del Witherspoon Institute, que reunió a estudiosos de primer orden de varias disciplinas académicas – historia, ética, economía, derecho y política pública, filosofía, sociología, psiquiatría, ciencias políticas – para discutir sobre el matrimonio.

Los estudiosos presentaron cada uno una contribución a nuestra comprensión del matrimonio desde su propia disciplina, y cada una de las disciplinas ofreció reflexiones profundas sobre la importancia del matrimonio tanto para los individuos como para la nación.

Las exposiciones no invocaron la revelación, la autoridad religiosa o el razonamiento sectario. Han representado lo mejor de aquello que se ha denominado «razón pública».

Y las conclusiones de cada uno en la conferencia fueron: a) el matrimonio es importante; b) el matrimonio está en crisis; y c) podríamos enfrentarnos a la virtual abolición del matrimonio si se sigue el camino del «matrimonio» del mismo sexo.

El profesor Elshtain de la Universidad de Chicago y yo decidimos recopilar estos ensayos en un libro porque la información y los argumentos que tuvimos la fortuna de escuchar en la conferencia es necesario que se difundan en toda nuestra nación. A todo norteamericano que le importe la sociedad civil, el bienestar de los niños y la situación del matrimonio en nuestra cultura, necesita conocer las conclusiones científicas recogidas en este volumen.

Actualmente se desarrolla un debate público sobre el matrimonio, pero con mucha frecuencia se ha reducido sólo a escaramuzas verbales sobre el «matrimonio» del mismo sexo.

Nuestro proyecto intentó evitar esta trampa, para examinar toda la serie de problemas sociales que emergen del debate del matrimonio: la ausencia del padre, la cohabitación, el divorcio, los hijos crecidos fuera del matrimonio, etc.

Aunque no puedo mencionar cada capítulo del libro, hay tres ensayos particulares escritos desde la perspectiva de las ciencias sociales que mencionaré.

Don Browning de la Universidad de Chicago y Elizabeth Marquardt – autora de «World’s Apart» («Mundos aparte»)– tienen un ensayo fascinante, «¿Qué pasa con los niños? Advertencias liberales sobre el matrimonio del mismo sexo» («What About the Children? Liberal Cautions on Same-Sex Marriage»)

Maggie Gallagher, presidente del Institute for Marriage and Public Policy, tiene un brillante ensayo titulado «¿Cómo protege el matrimonio el bienestar del niño?» («How Does Marriage Protect Child Well-Being?»)

W. Bradford Wilcox, profesor adjunto de sociología en la Universidad de Virginia, concluye el libro con una reflexión sobre el impacto del matrimonio sobre quienes menos ingresos tienen en la sociedad.

Otros ensayos incluyen un argumento sobre cómo la aceptación del «matrimonio» del mismo sexo borraría la validez de los principios en base a los cuales rechazamos la poligamia y el poliamor, es decir, las multiplicidad de relaciones sexuales estables; otro trata sobre cómo el «no-fault divorce», el «divorcio sin culpa» – el divorcio unilateral – ha debilitado el matrimonio como institución, y cómo las lecciones aprendidas de nuestro error al abrazarlo deberían hacernos ser más cautelosos a la hora de considerar cambios incluso más radicales; y otros relativos a la importancia del matrimonio para el bienestar legal, político y económico de nuestra sociedad.

Cuando hace una generación se comenzó a discutir sobre el «divorcio sin culpa», pocos ponían en duda que si se hubiera consentido a Adán divorciarse fácilmente de Eva esto no habría tenido si no efectos positivos sobre el matrimonio y la sociedad en su conjunto.

Retrospectivamente podemos ver cómo la introducción del divorcio «sin culpa» alteró a peor – la comprensión que tenía la gente del significado del matrimonio, con consecuencias sociales profundamente dañinas.

Esta experiencia debería volvernos escépticos ante la idea de que podamos reconocer la relación de Adán y Steve como una «matrimonio» sin erosionar más la correcta comprensión de lo que significa y es verdaderamente el matrimonio.

--Pasando a su aportación personal, un capítulo sobre filosofía práctica y matrimonio: «¿Qué quiere decir en su ensayo cuando afirma que el matrimonio es un «bien intrínseco»?

--George: Quiero decir que el matrimonio es mucho más que un medio para lograr fines extrínsecos a él.

El valor del matrimonio no es meramente instrumental. El matrimonio es un bien humano básico – un aspecto irreducible del bienestar y de la plena realización de un hombre y una mujer que se unen como esposos.

Cuando uno entiende correctamente el matrimonio como la unión permanente y exclusiva entre esposos sexualmente complementarios cuya condivisión fiel, amorosa y comprehensiva de la vida se funda sobre la unión de los cuerpos en «una sola carne», se entiende que el matrimonio constituye por sí mismo un motivo para su validez, y que su valor no depende por tanto de otros objetivos para lo que es un mero instrumento.

Al unirse un hombre y una mujer, en todos los niveles de su ser – el biológico, el emocional, el de caracteres, el racional, el espiritual – el matrimonio se convierte en una elección racionalmente válida como fin en sí mismo.

Así como el elemento fundamental de la amistad no esponsal es la amistad en sí misma, y otros fines a los deba la amistad ser útil como medio, el elemento fundamental del matrimonio es el matrimonio en sí mismo.

--Usted observa que gran parte de la confusión sobre el sexo y el matrimonio en nuestra cultura encuentra sus raíces en el pensamiento del filósofo escocés del siglo XVIII, David Hume. ¿Cómo puede ser así?

--George: No quiero cargar con toda la culpa al pobre David Hume.

Como apuntaba en mi capítulo de «The Meaning of Marriage», Hume mismo abrigaba más bien puntos de vista conservadores sobre el matrimonio, reconociéndolo como una institución social profundamente importante, que necesita y merece apoyo y protección de las instituciones de la sociedad y de los usos y costumbres de las personas.

El problema no está en lo que Hume enseñaba sobre el matrimonio; está en lo que Hume enseñaba sobre la razón práctica y la verdad moral.

Como ya he dicho, una comprensión correcta del matrimonio lo reconoce como un bien intrínseco o como, siguiendo a Germain Grisez, lo he llamado, un bien humano básico – algo que las personas tienen motivos para elegir precisamente porque captan su valor como un aspecto irreducible del bienestar y realización humanas.

Pero Hume enseñan que no hay bienes humanos básicos, que no existen razones otras razones que las instrumentales para actuar. Más bien, supone Hume, nuestros fines nos vienen dados por factores de motivación subnacionales, como el sentimiento, el deseo, la emoción – lo que Hume llamaba «las pasiones».

Se reduce a la razón a un papel meramente instrumental en el dominio de la deliberación, la elección y la acción. La razón no puede identificar lo que es deseable y por tanto digno de elección; su papel, según la opinión de Hume sobre el tema, se reduce a identificar los medios eficaces por los que podemos alcanzar cualquier fin que se nos ocurra desear.

En palabras de Hume, «la razón es, y sólo debe ser, la esclava de las pasiones, y no debe reivindicar ninguna otra función sino la de servirlas y obedecerlas».

En la medida en que las enseñanzas de Hume han sido aceptadas, sea formal o implícitamente, por los hombres y mujeres contemporáneos, les ha llevado a adoptar una forma de subjetivismo – en ocasiones llamado «la falta de cognitivismo moral» – que amenaza una recta comprensión del matrimonio y de otros bienes humanos básicos.

Esto resulta especialmente nocivo en el caso del matrimonio, puesto que el matrimonio es un bien del que sólo pueden participar plenamente aquellos que, aunque sea implícitamente, lo comprenden correctamente. Su capacidad de enriquecer nuestras vidas como esposos – y, cuando el matrimonio se ve bendecido con hijo, como padres – depende mucho de nuestra comprensión de él y de que captemos que su valor es mayor que el meramente instrumental.

[La segunda parte de esta entrevista se publicará este domingo]
ZS06040709

HUMANITAS

Los niños son los que mejor manifiestan la dignidad del ser humano

 

                                          TODOS MONOS?

 

   Si no fuera por lo grave que es no saber lo que es una persona, siendo políticos que deben gobernar a todas las personas, gracias a los votos qeu han recibido de muchas personas, la noticia de los SIMIOS sería para estar riendose sin parar. Hay que ser mamelucos para plantearse un asunto tan idiota como ese. Lo primero que tienen que hacer esos "progres" es estudiar antropología y zoología. Y si no saben distinguir a un animal de una persona, deben darse de baja inmediatamente de la política, y dedicarse a cuidar animales en el zoológico más cercano. Se me ocurre una cosa: si estos simios son considerados como personas: ¿podrán votar? ¿podran ser votados? ¿Podría alguno llegar a ser alcalde, diputado, senador...? Es posible que lo hicieran mejor (el mono claro) que alguno de nuestros representantes públicos. Seguramente España ya no tiene más problemas y ahora hay que resolverle elproblemas a los simios. Me da la risa otra vez.

    Reproduzco aquí la intervención del Sr. Arzobispo de Pamplona, que es muy acertada:

 

Socialistas pedirán al Congreso español reconocer "derechos humanos" de simios

-Luego de que diversos medios informaran del proyecto "Gran Simio", en el que se pide la "inclusión de estos animales en la categoría de personas" y que el Grupo Socialista presentará este martes en el Congreso de los Diputados, el Arzobispo de Pamplona y Tudela, Mons. Fernando Sebastián, declaró que "por hacer el ‘progre’ se puede hacer el ridículo '' y que pedir "derechos humanos" para los simios "es como pedir derechos taurinos para los humanos".

En una conferencia de prensa en la Casa de la Iglesia con motivo de la presentación del próximo Encuentro Nacional de Jóvenes, el Arzobispo aseguró: "Me da risa. Por hacer el ‘progre’ se puede hacer el ridículo".

Asimismo, Mons. Sebastián criticó que el Gobierno "no conceda derechos de persona a los niños sin nacer" y "se los vaya a conceder a los monos". "Esta es o una sociedad ridícula o dislocada", declaró.

Con el aval de los socialistas, los responsables del proyecto expondrán la situación actual de los simios en zoológicos y circos del país y solicitarán a los diputados adherirse a su iniciativa que pide para estos animales "la protección moral y legal de la que actualmente sólo gozan los seres humanos".

En septiembre pasado, el diputado socialista Francisco Garrido indicó que "el tiempo ha querido que dos informaciones científicas hayan aparecido, casi al unísono, para recordarnos la cercanía evolutiva y la vecindad genética que tenemos con nuestros parientes, los grandes simios".

"Para los monos habrá que pedir derechos de simios, derechos simiescos, pero no pedir derechos humanos ya que sería como pedir derechos taurinos para los hombres. No lo entiendo", sentenció el Prelado.

   En nombre del Forum HUMANITAS, a quien represento, les ruego a nuestros políticos que sean más serios y tengan más respeto a la dignidad de la persona humana. Seguiremos hablando del tema, si es que merece la pena. Un saludo

                              Juaninza                                                          

 

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Defensa de la dignidad del ser humano

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